Homenaje a nuestro Fundador Max Jourdan Bidell

Max Jourdan nació el 12 de marzo del año 1934 en la ciudad suiza de Winterthur, donde sus padres Max Jourdan y Veronika Bidell manejaban una pequeña pastelería familiar en el centro de la ciudad.

Max Jourdan padre fue un maestro pastelero muy reconocido en su gremio y por este motivo desde un principio quedó claro que el joven Max, como hijo mayor, debía seguir los pasos de su padre y aprender la misma profesión.


Después de finalizar su aprendizaje en Brugg (Suiza) en 1953, obtuvo su primera experiencia como pastelero en la Pastelería Gautschi en Berna.

Sin embargo, y siguiendo la costumbre de su oficio, decidió iniciar su periplo por diferentes países y culturas, con el fin formarse como profesional y aprender nuevas técnicas y recetas, tal como lo había hecho su padre a principios del siglo pasado. Ese era entonces el único modo de adquirir nuevos conocimientos e innovar.

Llegó en 1954 a la pequeña población de Chrea, en Argelia, Norte de África, a trabajar en el Hotel Restaurant Terminus, sitio de veraneo frecuentado por los franceses residentes en aquel país. Su patrón de esa época escribió la siguiente recomendación en el Libro de Oficio “No puedo más que elogiar los servicios de Max: un trabajador concienzudo en su labor, lleno de iniciativa, ahorrador con los materiales y de una gran conciencia profesional”.

Estas palabras ya nos permitían prever las grandes cualidades profesionales con las que contaba Don Max y los logros que obtendría en el futuro.

Después de su corta estadía en Argelia llegaría a Bruxton (Inglaterra), donde además de ampliar su horizonte profesional descubriría su pasión por el tenis, deporte que practicaría hasta casi hasta sus últimos días.

Quiso el destino que el joven Jourdan encontrara en una revista especializada un pequeño aviso en el que se ofrecía un empleo en un lejano y exótico país.

Es así como en 1955 Don Max llega a Colombia, donde un compatriota suyo, el señor Joseph Schmidt, le esperaba con un contrato que le permitiría obtener una experiencia más en la reconocida Pastelería Suiza de Medellín.
El choque cultural fue enorme: lo primero que lo sorprendió fue el hecho de que varios empleados de la pastelería llegaron un día tarde al trabajo argumentando que era el comienzo de la Vuelta a Colombia algo incomprensible para el joven Max.

Max Jourdan tenía claro en ese momento que su estadía en nuestro país era apenas una experiencia final en su proyecto de formación antes de regresar a su natal Suiza.

Nunca imaginó que la Colombia prometedora y acogedora de ese entonces le cambiaría el destino, ofreciéndole muchas oportunidades de progreso y un futuro como empresario.

Cuatro años más tarde, era el año de 1959, decidió aventurarse como pastelero independiente en Pereira, una ciudad pujante y en pleno crecimiento.

Su patrón le auguró la peor de las suertes, pues a su parecer Pereira nunca dejaría de ser un pueblo provincial sin importancia.

Años más tarde, cuando el Sr. José Schmidt ya había cerrado las puertas de su establecimiento y se encontraba disfrutando de su pensión, habría de leer en una revista de pastelería un reportaje sobre la Pastelería Lucerna de Pereira y tendría que reconocer lo equivocadas que estaban sus predicciones!

Tampoco fue fácil para los padres de Don Max aceptar la idea de no volver a tener a su hijo al frente de la empresa familiar. Por el contrario: tuvieron que facilitarle un modesto capital para que el 19 de febrero de 1959 abriera las puertas de su propio establecimiento en Pereira.

Pero dejemos que sea el propio Don Max quien nos relate cómo fue el primer día de funcionamiento de La Pastelería Lucerna el 19 de febrero de 1959:

La Lucerna de esa época ocupaba un local arrendado, exactamente en frente de su ubicación actual. Sin embargo la gran acogida que tuvieron las tortas y pasteles que se vendían allí le permitieron a Don Max pagar antes de lo esperado la deuda con sus padres y – más adelante – adquirir la vieja casona de madera y bahareque donde funciona hoy en día la pastelería.

Entre las muchas anécdotas y dificultades de los primeros años en Pereira, Don Max mencionaba una en especial, cuando las Empresas Públicas le prohibieron tajantemente encender el horno después de las cuatro de la tarde, pues la red eléctrica en aquella época era muy deficiente y las bombillas de los vecinos de la cuadra empezaban a titilar y a fundirse por los constantes altibajos que se generaban.

No pasó mucho tiempo para que Max Jourdan fuera cautivado por una pereirana, que lo aferraría más a nuestra ciudad.

En 1964 contrajo matrimonio con Gloria Pérez, (Foto Hermanos Jourdan niños / Foto Doña Gloria e hijos) con quien tuvo cuatro hijos: Hans Peter, Markus, Federico y Susana. La empresa se convirtió entonces en un negocio familiar, en el cual Don Max se encargaba de la producción y la administración, mientras Doña Gloria manejaba la caja y – años más tarde- los hijos se involucraban en la decoración y presentación de los productos al regreso de sus jornadas de colegio.

Buena parte del auge y crecimiento de La Lucerna se debió a los extraordinarios socios que acompañaron a Don Max en sus proyectos empresariales. Inicialmente se vinculó el también técnico suizo Rodolfo Lendi a la compañía. Sin embargo, cuando en 1970 se presenta la oportunidad de comprar la muy prestigiosa Pastelería La Suiza en Manizales a otro compatriota, se opta por encargar a Don Rodolfo de la gerencia de la Suiza y se publica un nuevo aviso buscando a otro pastelero para apoyar las actividades productivas de La Lucerna en Pereira.

Es así como en 1971, cuando el civismo empezaba a preparar y a contagiar a Pereira para convertirla en ciudad y celebrar los Juegos Nacionales de 1974, otro hecho trascendental marcaría la historia de La Lucerna: se vincularía a la empresa el técnico pastelero Joseph Meile.

Con la ayuda de Don José se tecnificarían muchos procesos y la incipiente producción de turrones se transformaría en una industria importante, insignia de la ciudad.

El turrón de maní habría de convertirse en el producto más famoso de La Lucerna, por el cual la empresa y la ciudad son reconocidas en todo el país y hasta en el exterior.

Al tiempo que La Lucerna en Pereira y La Suiza en Manizales se afianzaban cada vez más como empresas líderes en su campo, se determina que es tiempo de incursionar en la tercera capital de Eje Cafetero. En 1998 se inaugura la Pastelería Lucerna Armenia en un pequeño local ubicado en el Pasaje Yanuba.

No había transcurrido un año de operaciones cuando Don Max y Don José deciden ampliarse y ocupar todo el edifico: tal fue el éxito y la aceptación que tuvo la pastelería en el Quindío.

Vendrían eventos muy duros que pondrían a prueba la pastelería y sus colaboradores: el terremoto de Armenia en 1999 y la inesperada muerte de Don José Meile en 2002, después de la cual el hijo mayor de Don Max, Hans, entraría a apoyarlo en la dirección de la empresa.

Con el acompañamiento de su hijo y el soporte de Doña María Dornely Medellín, su compañera en el último tramo de su vida, Don Max se dedicó a dirigir sus empresas, a perfeccionar la producción y a visionar nuevos horizontes.
Se hizo merecedor de varios galardones como la Medalla al Mérito empresarial de la Cámara de Comercio de Pereira por los 40 años de la Pastelería Lucerna.

Además, en los últimos dos años esta empresa fue reconocida en el gremio como la mejor pastelería de la región.

Viendo cumplida su misión como empresario, Don Max se preocupó por asegurar la continuidad de las empresas: Don Rodolfo y sus hijos adquieren la Pastelería La Suiza y continúan con el legado de tradición y calidad iniciado por sus antecesores. Hans Peter Jourdan es hoy el encargado de la administración de la Pastelería Lucerna, una empresa con reconocimiento nacional que genera actualmente 170 empleos directos.

Las empresas fundadas y lideradas por Don Max Jourdan generan actualmente más de 200 empleos directos y en sus casi 60 años de operaciones han dado empleo a miles de familias en Manizales, Pereira y Armenia, convirtiéndose en un importante motor del desarrollo regional.

La huella que deja Don Max en todos nosotros, como empresario y como persona perdurará por mucho tiempo y servirá de ejemplo e inspiración a las generaciones que estamos llamadas a preservar y acrecentar su obra.